
Tal parece que somos
la simbiosis perfecta,
cada uno a su modo,
en el otro encuentra,
el relleno al vacío
sin mayor compromiso,
sin exponer ante el otro
lo frágil de sí mismo,
sin canje extra
sólo justo lo que dimos.
Tal parece que somos
una extraña pareja,
cada quien en lo suyo
hasta que del otro se acuerda,
y allí está; para hacer su papel
y cada quien disfruta
sin traspasar el dintel
de una puerta que asusta
porque nos puede comprometer.
Tal parece que somos
la dosis exacta
de sexo y compañía
para suplir las carencias
de otros sentimientos
que aunque de intensas vivencias
entrañan posibles sufrimientos
y sin correr mayores riesgos
nos damos las caricias
que necesitan nuestros egos
para continuar la vida.
Tal parece que somos
la mejor receta,
un poco de amor, más no en exceso,
un taza de humor, mucha cordura,
una medida rasa de sexo y deseo,
por supuesto, una pizca de ternura,
después de todo, somos camaradas,
toda la libertad para hacer lo que queramos,
nada de compromisos o de fatuas promesas,
y miedo, mucho miedo de entregar nuestras almas…
Julio, 1993
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