viernes, 8 de enero de 2010

LA VIDA


Pues la vida, mi amiga,

no es ese camino rosa y amplio

con señales y postes de alumbrado,

con avisos luminosos

y rampas de frenado.

La vida, mi amiga,

es un camino estrecho,

estrecho y pedregoso,

un camino tosco y retorcido,

que maltrata los pies con sus abrojos.

En la vida, mi amiga,

hay que apartar las piedras,

hay que abrir brechas

para llegar al destino,

a veces,

hay que trepar altas murallas,

o para seguir,

hay que andar a gachas,

y cuando te enderezas,

aun queda camino.

De vez en cuando en la marcha,

encuentras florecillas,

escuchas unos trinos

y llaman a recreo,

es momento de un respiro,

son las cosas sencillas,

sencillas pero hermosas,

al menos eso creo,

que te de la vida.

A menudo al andar te enfrentas

a dudosas encrucijadas,

y hay que decidir por donde ir

aunque nunca sepas si fue la acertada.

A veces, el brillo del sol te ciega,

y evapora tu ímpetu, inclemente.

A veces, el frio tus pies congela

y sólo quisieras poder detenerte.

Con suerte en la vida,

por breves lapsos, encuentras compañero,

y repartes tu carga y la suya,

y comparten sus avíos y sus sueños,

y a dúo cantan las penas y luchas

y se hace más fácil el camino,

hasta que cada cual tome su desvío.

En la vida, mi amiga,

los pies te sangran

y te sangran las sienes,

te duele el alma

y se dobla tu espalda,

pero el paso, nunca detienes,

hasta que al fin consigues la calma.

Y la calma está en un rincón oscuro,

que sólo consigues al final del camino,

en donde la vida ya no es de este mundo.

Pagas el peaje,

termina este viaje,

y al fin, te has ido.

Julio 1993

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