
Pues la vida, mi amiga,
no es ese camino rosa y amplio
con señales y postes de alumbrado,
con avisos luminosos
y rampas de frenado.
La vida, mi amiga,
es un camino estrecho,
estrecho y pedregoso,
un camino tosco y retorcido,
que maltrata los pies con sus abrojos.
En la vida, mi amiga,
hay que apartar las piedras,
hay que abrir brechas
para llegar al destino,
a veces,
hay que trepar altas murallas,
o para seguir,
hay que andar a gachas,
y cuando te enderezas,
aun queda camino.
De vez en cuando en la marcha,
encuentras florecillas,
escuchas unos trinos
y llaman a recreo,
es momento de un respiro,
son las cosas sencillas,
sencillas pero hermosas,
al menos eso creo,
que te de la vida.
A menudo al andar te enfrentas
a dudosas encrucijadas,
y hay que decidir por donde ir
aunque nunca sepas si fue la acertada.
A veces, el brillo del sol te ciega,
y evapora tu ímpetu, inclemente.
A veces, el frio tus pies congela
y sólo quisieras poder detenerte.
Con suerte en la vida,
por breves lapsos, encuentras compañero,
y repartes tu carga y la suya,
y comparten sus avíos y sus sueños,
y a dúo cantan las penas y luchas
y se hace más fácil el camino,
hasta que cada cual tome su desvío.
En la vida, mi amiga,
los pies te sangran
y te sangran las sienes,
te duele el alma
y se dobla tu espalda,
pero el paso, nunca detienes,
hasta que al fin consigues la calma.
Y la calma está en un rincón oscuro,
que sólo consigues al final del camino,
en donde la vida ya no es de este mundo.
Pagas el peaje,
termina este viaje,
y al fin, te has ido.
Julio 1993
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