
Había una vez una princesa
en un hermoso cuento de hadas
que creía en el amor eterno
y a su príncipe azul esperaba.
Creyó encontrarlo en un caballero
alto, galante, distinguido,
que prometió amor sincero
y vivieron un hermoso idilio
Y transcurrió el tiempo…
Pasados los años
un día cualquiera
el amor se rompió,
se le escapó de los dedos
y se quedó sola,
sin amor, ni caballero.
Y la princesa esperó de nuevo
y esperaba, y esperaba.
Y luego vino otro caballero,
y otro, y otro,
uno menos alto,
otro más moreno,
uno más alegre,
otro aventurero…
y todos con sus amores sinceros…
Amores sinceros pero quebradizos,
que igual se escurrieron de los dedos,
quedando en el suelo vuelto añicos
perdiendo su magia y su brillo.
Y… la princesa se quedó sola,
sin amor ni caballero,
y la princesa ya no esperaba,
desengañada del amor y de las hadas.
Del amor, porque no era eterno,
de las hadas que le habían mentido.
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